November 28, 2006

THE BRADLEYS

The Bradleys
Peter Bagge
Fantagraphics, 2004

Peter Bagge es uno de los estandartes del cómic alternativo de los noventa (aunque en realidad él pertenece a la generación ochentera y la ha trascendido). Alguna vez fue editor en jefe de Weirdo, la revista creada por Robert Crumb y desde 1985 y durante 5 años, Fantagraphics le publicó Neat Stuff, título que más tarde se convertiría en Hate, en donde el personaje principal –casi autobiográfico- es Buddy Bradley, un perfecto y cínico vago (slacker, en inglés) con el look feo y pasado de moda de los Ramones. En Kids, los chicos hojean con fervor Hate pues los adolescentes de la generación Nintendo suelen reconocerse en la figura de Bradley. Este libro recopila algunas historias publicadas originalmente en los primeros 15 números de Neat Stuff en donde se retratan las vicisitudes de la familia Bradley, una disfuncional tribu compuesta por Butch, Lisa, Buddy y sus horrendos padres. Los Bradley, dicen por ahí, son como si Los Simpson se hubieran metido ácido y speed: más agresivos, menos simpáticos, siempre en líos, políticamente incorrectos, sucios y ojetes (en su diario, Lisa confiesa que sueña que mata a su madre... ¡y no se arrepiente, muy al contrario, se justifica!). Un retrato de las descomposición de la célula familiar de nuestros días y que, en vez de lloriquear por lo horrible que es la clase media, se regocija en su lodosa suciedad, con chistes y burlas incluidas.

September 19, 2006

¡TERREMOTO!

A muchos que éramos niños en ese entonces nos tocó celebrar lo que para el resto era una tragedia. El terremoto que sacudió a la capital –y también las zonas sur y centro del país- nos permitió faltar a clases. Nadie suponía hasta dónde el movimiento telúrico (inusual, sí, pero no para tanto, o eso creímos) se cobraría con una cuota de edificios públicos y la gente que los habitaba.

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DESTRUCCIÓN. TOMA 1
Y de pronto, mientras unos se encontraban ya dentro del transporte público, mientras algunos manejaban sus autos y otros más se preparaban para abandonar sus casas para dirigirse a sus destinos, llegó. Prácticamente todos hacíamos lo mismo cuando la tierra se comenzó a mover; es difícil pensar que aquellos que sucumbieron bajo los escombros tenían la mente en el mismo punto que los que corrimos con suerte: todos saldríamos a la calle y regresaríamos más tarde para continuar con nuestras existencias. Pero a las 7:19 de esa mañana –jueves 19 de septiembre- y lo que esa hora trajo consigo le cambió el rumbo al país, y no solo a las víctimas. Los registros marcarían que el sismo alcanzó los 8.1 grados en la escala de Richter, con origen en la llamada Brecha de Michoacán. (que no es sino un segmento de falla sísmica que debido a que no se ha movido por años, da paso a movimientos de grandes magnitudes). El sismo, por su naturaleza, no era tan grande pues existían antecedentes de eventos mayores, pero los resultados reales de éste (con una réplica de 7.3 grados la noche siguiente- parecían parte de una oscura pesadilla: las colonias Doctores, Guerrero, Juárez, Centro, Morelos, Tepito, Condesa, Tlatelolco, Cuauhtémoc, San Rafael y Roma fueron aquellas más afectadas y se dice que cerca de 6000 edificios fueron dañados y 412 absolutamente destruidos. El derrumbe en particular de algunos grandes edificios emblemáticos de la capital crearon el pánico: el Hotel Regis, el edificio Nuevo León de la unidad Tlatelolco, la torre de hospitalización del hospital Juárez. Poco a poco las pantallas de televivión mostraban más y más edificios colapsados. Incluso Televisa Chapultepec sufría los estragos causados por el movimiento que durara alrededor de 3 minutos.

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Al poco tiempo, la ciudad perdería el 30% de su capacidad hospitalaria (a pesar de la ayuda de las cerca de 350 ambulancias puestas en circulación); el abastecimiento de agua se vio dañado, así como la energía eléctrica y las líneas telefónicas. Miles de escuelas mostraban cuarteaduras (razón por la cual los niños, felizmente, dejamos de recibir instrucción). Se calcula que se perdieron 400 millones de dólares en daños. Esas son las consecuencias materiales, pero las víctimas y su gran número dramatizan los hechos: 37,000 personas se quedaron súbitamente sin casa (los llamados damnificados) y las cifras de cadáveres varían. Algunos dicen que el número fluctúa entre 10 y 20 mil seres muertos, pero como en todos estos casos, las cifras oficiales son ridículas en su evidente afán por esconder la realidad. En una entrevista publicada en la página electrónica del diario El Universal con un hombre que fungía como médico del hospital Juárez en esos días, se hace un recuento solamente de la torre que se derrumbó en ese lugar. El hombre –llamado Eduardo Jiménez Sandoval- saca sus cuentas y lanza una cifra demasiado terrible para un solo lugar: mil víctimas. Un muerto es espantoso (o debe serlo, yo no lo sé, pregúntenle a aquellos que participaron en el levantamiento de escombros y la búsqueda de personas con vida). Mil es una pesadilla. Pero esconder los datos por razones políticas es como para que la gente se levante y linche a sus “representantes populares”.

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DESTRUCCIÓN. TOMA 2
Y es que el pusilánime presidente Miguel de la Madrid y su pusilánime gobierno mostraron su total inutilidad e incapacidad para manejar las condiciones adversas. Las autoridades “competentes” no supieron qué hacer y he aquí que, de pronto, nació aquello que más tarde sería llamado “sociedad civil organizada”: aquel segmento de la población capaz de organizarse por sí sola cuando el gobierno no sabe asumir sus responsabilidades; fenómeno nacido en esos días y que ahora es un monstruo amorfo y torpe sin rumbo, como Miguel de la Madrid. Un buen número de gente se sumió en el miedo y la depresión provocado por esa especie de video snuff a gran escala que representó el terremoto; pero mucha más decidió salir a las calles y colaborar en las labores de rescate, mientras el ejército y los cuerpos de seguridad demostraban su infinita capacidad de reacción, al abstenerse de rescatar a las víctimas durante las primeras 24 horas posteriores. También la gente comenzó a organizar colectas monetarias y en especie para apoyar a las víctimas que ahora vivían en albergues (algunos aún lo hacen, en una muestra más de la poca voluntad de los gobiernos siguientes). Igualmente, otros países mandaron comida, unidades médicas, sangre, medicinas, ropa y escuadrones de rescate armados de perros entrenados. Lentamente, se rescataba a aquellos que seguían vivos aun debajo de los escombros. Lo sorprendente: aquellos niños de incubadoras del hospital Juárez que lograron sobrevivir quién sabe cómo y que cada aniversario son víctimas del acoso y la demagogia de los medios y los políticos. Por otro lado, la catástrofe demostró lo invulnerables que éramos todos y no solo los pobres. Televisa se derrumbaba, los familiares del tenor Plácido Domingo morían sepultados, Rockdrigo González, creador del rock rupestre, terminaba debajo de las ruinas de su departamento de la Juárez.

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El gobierno de MMH, que un año después colocara medallas en el cuello de los jugadores de la selección argentina, sonriente como si todo se lo debiéramos a él, todavía tendría reservada una profunda crisis económica que acabaría con la moral nacional. El fatídico fenómeno natural y lo que sucedió posteriormente servirían para demostrar varios lugares comunes que, penosamente, siguen siendo vigentes:
Uno: el nulo interés de los gobiernos hacia el pueblo. Sí es cierto que nos buscan por los votos y para robarse el dinero; si cualquier hecho, natural o no, nos lleva a la mierda, a ellos no les impota.
Dos: los capitalinos vivimos en una bomba de tiempo. Si hace 20 años el temblor echó abajo tal cantidad de edificaciones y mató a tanta gente, ahora, con más pobladores, más autos, más casas y más problemas geo-ecológicos, nos espera algo muchísimo peor.
Tres: la población tiene más capacidad de organización y reacción que sus gobernates (aunque la masa en sí es estúpida, no lo olviden), y no solo por las muestras de solidaridad demostradas en esa ocasión, sino también por su manera de reaccionar ante la catástrofe: un día después de lo acontecido ya se hacían chistes al respecto, como comenzar a llamarle Trágico Jueves a Plácido Domingo o decir que Rockdrigo murió de una sobredosis de cemento.

Las imágenes con las que se ilustra esta crónica pertenecen a The earthquake that shook México City, un raro libro editado por Oscar Alarcón, en ese entonces periodista de El Heraldo de México y que tuviera la oportunidad de sobrevolar la ciudad en llamas y ruinas minutos después de los hechos. Verlas a ala distancia sigue produciendo escalofríos, vivirlo fue un horror. Una conclusión obligada: es mil veces obsceno ver cómo se cae la ciudad y no hacer nada. Dejar morir a las víctimas de un desafortunado acto (de la naturaleza o no) es, por decir lo menos, falta de huevos. Crear escuadrones para extinguir la práctica del graffiti (o reprimir a las minorías, o meterse el dinero en las bosas del saco con todo y ligas, o –hipócritamente- condenar las drogas o el aborto mientras se es cómplice del narco y se promueve el sexo sin protección, etc, etc.), es síntoma de un gobierno estúpido y rebasado por sus pobladores. Sin pretender pontificar, las prácticas fuera del establishment siempre representarán el lado más vital y más inteligente e informado de una sociedad que se desmorona poco a poco.

June 06, 2006

ANTON SZANDOR LAVEY: EL AGENTE DE PRENSA DEL DIABLO

La historia alrededor del satanismo, igual que la del cristianismo, está construida a partir de mitos, leyendas urbanas e historias folklóricas. El cine, por ejemplo, nos ha dado cientos de posibles versiones del diablo creando al final un vacío que no despeja ninguna duda. Irónicamente, el primero en echar abajo las creencias populares sobre el demonio, es uno de sus símbolos más representativos dentro de la cultura pop. Anton Szandor LaVey ha construido una legión de seguidores que le dan la vuelta a las viejas creencias y desde una posición más inteligente reconstruyen la figura de Satán.

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EL VAMPIRO PSÍQUICO


El 11 de abril se celebra el nacimiento de Anton Szandor LaVey, llamado “El Papa Negro” y fundador en 1966 de La Iglesia de Satán. Despejemos la primer duda: LaVey no cree en dios, pero tampoco en satán. No lo adora ni le teme. Para él, no es más que un símbolo creado por el cristianismo para englobar aquella parte de la naturaleza humana que se pretende “oscura” o “maligna”: el deseo, la avaricia, la venganza y el ego; pero que todos los seres humanos dejan aflorar sin falta. Si no cree en satán, ¿qué lo movió a fundar una iglesia satánica? Antes que nada, que para él el satanismo no es una cuestión antropomórfica, no necesita una representación humana que le dé validez. LaVey jamás ha declarado que mantenga comunicación con satán ni con dios alguno. No busca la divinidad, pero para él, el mal sí es algo tangible, aunque, atendiendo a conceptos Nietzscheanos, “el hombre debe estar más allá del bien y del mal”.

El mal es aquello que te produce malestar, dolor, displacer. El bien es lo contrario. No hay nada místico en ello.

Segundo, no lo mueven los ambientes góticos que la tradición recrea en cuanto se le menciona la palabra “satanismo”. El satanismo es, simple y llanamente, una forma de vida, una manera de ver las cosas; pero no una demasiado alejada de la llamada “normalidad”, pues lo que persigue es la siempre huidiza felicidad. ¿Cómo encontrar la felicidad si además se busca dentro de los flameantes terrenos del satanismo, siempre imaginado como todo lo contrario? Dice LaVey: cuando el hombre alcance su propio nivel, buscando la libertad y sin las pesadas reglas que encadenan al hombre. Sin restricciones (étnicas, por ejemplo) es más fácil acceder a ello. “El mayor error de Hitler fue emplear los conceptos racistas que usó. Con eso perdió todo. Habría ganado la guerra si hubiera utilizado a la gente que consideraba inferior”.

¿Qué es ser satanista? Ser libre en la mente, individualista. Es no negar los impulsos primarios del ser humano, sino atenderlos y vivir con ellos. Ser cristiano, por el contrario, no le permite al hombre ser libre, pues los conceptos de pecado y culpa que ha aprendido en la iglesia y a través de los siglos, le dejan inmóvil, atenazado. Para LaVey, decir “soy cristiano” es una cuestión de agallas. “Es tan fácil estar en la mayoría. A la mayoría le encantaría poder ser diferente, pero no se atreve porque le da miedo las consecuencias”.

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Bajo estas premisas, LaVey desprecia el rock, música de las masas al cual llama “música hostil”, y, en un arranque de viejo romanticismo, se lanza con todo: el rock marca el fin del romance y Black Sabbath le debe agradecer a él que la iglesia condene su música: “las letras satánicas, las películas satánicas e incluso los asesinatos satánicos nacieron de la Iglesia Satánica”, dice con absoluta certeza. LaVey sólo pide un poco de crédito por haberle movido el suelo a la sociedad.

Su capacidad para conmocionar sería mayor de haber salido a la superficie en décadas más recientes, así como pasó con Marilyn Manson. LaVey aparece en El bebé de Rosemary, justamente como Satán; aquel que preña a Mia Farrow y con quien procrea al heredero de las tinieblas. Aún así, no aparece en los créditos y su fama llegó en los 60 con fuerza, aunque acabó diluyéndose a pesar de ser uno de los más serios ideólogos del satanismo.

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De ser fotógrafo de nota roja pasó a realizar elaborados rituales seudo-satánicos en centros nocturnos con chicas topless y toda la cosa, hasta redactar sus 9 Declaraciones Satánicas, sus 7 Reglas Satánicas de la Tierra y sus 9 Pecados Satánicos, que forman el pensamiento del satanismo y que algunos dicen: “Satán representa la amabilidad hacia quienes la merecen, en lugar de ofrecer la mejilla”, “No opines a menos de que te pregunten”, “No dañes niños pequeños”. Sus ideas son las más humanas que se puedan encontrar en religión alguna, pues, por ejemplo, demuestra especial consideración por los niños y los animales, al ser estos seres más puros, sin la estupidez, el conformismo, la falta de perspectiva y de estética de los humanos adultos.

LA IGLESIA SATÁNICA


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Fundada en el 66, LaVey declaró aquel año como Año Uno y Anno Satanas.
LaVey creó su iglesia –la cual llena todos los requisitos de una iglesia tradicional: un templo, miles de seguidores, una Biblia (negra, por supuesto), una serie de lineamientos- porque no había nada parecido en el mundo. “Conozco el poder de ciertas palabras, como satanismo, y las implicaciones que tienen en la vida de las personas”. LaVey sabe que el hombre es un ser alienado, pues la palabra satanismo le produce terror, aunque, como ya vimos, el concepto está muy alejado de la idea que el hombre tiene de él. El diablo, el infierno, el mal, básicamente son símbolos culturales.

A diferencia de la católica, su iglesia no realiza proselitismo; es un grupo hermético con muchísimos lineamientos que limitan la entrada, para así salvaguardar la seguridad de sus miembros. Ningún individuo que no sea parte de la iglesia puede, bajo ninguna circunstancia, asistir a presenciar los rituales ni al templo. Por otro lado, las restricciones se relajan, pues no existe una mayoría de edad para convertirse al satanismo y, por el contrario, LaVey promueve la conformación de las llamadas Juventudes Satánicas. Las libertades dan oportunidad a que los miembros interesados abran templos, llamados Grottos, aunque sin relación directa con la iglesia matriz, pues cada grotto es responsabilidad de su Grotto Master.

Sus seguidores sí son el prototipo del “satanista” (heavy metallers, les hablan), pero también los hay tiernos abogados e inofensivas amas de casa. LaVey dejó de hacer público el número de satanistas al alcanzar la cifra de 7000 y se habla de unos 10,000 discípulos a la fecha. Jane Mansfield, los Hells Angels, Kenneth Anger, algunos grupos de Neo Nazis, John Travolta, Marilyn Monroe; muchísima gente se ha convertido al satanismo de LaVey o ha coqueteado con él. Naturalmente, los sociólogos etiquetan a sus seguidores como problemáticos, fundamentalistas, alcohólicos y desorientados, pero, ¿acaso en el catolicismo no los hay también?

La iglesia está conformada por un escalafón jerárquico de cinco niveles cuyos criterios para escalar diferentes niveles no están basados en conocimientos ocultistas ni místicos, sino en cultura general más allá del satanismo; una iglesia que piensa en la inteligencia de sus miembros y no en los diezmos no debe ser tan mala. Esa selección (natural) de los más aptos por su inteligencia y conocimiento le da más solidez. ¿Qué NO es la Iglesia Satánica? No es un centro iniciático, un club de fans ni de amigos por correspondencia o corazones solitarios. Esto es serio, señores. No se trata de que el pueblo llene los templos, no todos son aptos ni útiles. ¿La máxima alternativa subterránea? Quizá...

Igualmente, no se trata de una iglesia sedienta de seguidores que le dejen un diezmo. Quien no concuerde con los postulados o no tenga el dinero para pagar la cantidad para volverse miembro, no tiene que verse forzado a nada. Que regresen cuando estén convencidos, dicen: “nosotros aún seguiremos ahí”. Por eso aventura que en el siglo 21 el satanismo será la religión con más adeptos sobre el mundo. Difícil de creer, no hay tantas mentes brillantes; todo lo contrario.

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LA BIBLIA SATÁNICA

Al lado del Necronomicon, el mítico libro pensado por Lovecraft, la Biblia Negra de LaVey forma parte de aquellos libros malditos que el solo nombrarlos produce escalofríos, y que representa la filosofía elemental de la iglesia. Vale la pena revisarla: LaVey es un ser muy inteligente, con ideas muy brillantes que dan más por la humanidad que cualquier discurso irrelevante, ultraderechista, ortodoxo, convenenciero y mamón de cualquier líder cristiano (llámese como se llame).

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April 17, 2006

DIANE ARBUS: MONDO FREAK, MONDO CHIC

“If you stare at Diane Arbus´ photos long enough, it´s almost impossible not to consider suicide.”

Jim Goad


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Uno de los placeres secretos del ser humano es su fascinación por el morbo. Negar el gusto por lo disturbing resulta hipócrita cuando nos asomamos por la ventana tratando de ver los cuerpos sangrantes en un accidente automovilístico. La fotografía morbosa ha gozado de muy poco reconocimiento. Las publicaciones dedicadas a ella son relegadas al baúl de lo sucio y perverso. Estados Unidos, país con una cultura con un mayor terreno recorrido por el territorio de lo monstruoso sí ha dado espacio a artistas más interesantes, con temáticas más retorcidas. Una de ellas es Diane Arbus.
Nacida bajo el apellido Demerov en 1923, Diane se casó a los 18 años con Allan Arbus, actor de la conocida serie televisiva M*A*S*H*, que fue quien le enseñó el arte de la fotografía. Ambos incursionaron en la fotografía de modas, hasta que, años más tarde, a la par del derrumbe de su matrimonio, Diane se independizó profesionalmente de Allan. Esta independencia también trajo un nuevo enfoque artístico a la vida de Arbus: comenzó a retratar a los que ella llamaba aristócratas, lo que en términos morbosos se le denomina freaks: enanos rusos, hermafroditas, retrasados mentales, gigantes judíos, nudistas, drag queens, patriotas republicanos, hombres musculosos, bailarinas topless y una fauna entera de outsiders que conforman el enfermizo microcosmos estético de la Arbus. “Hay cosas que nadie vería a menos que yo las fotografiara”, solía decir.

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A pesar de su inclinación por lo grotesco, Arbus procedía de buena cuna. Sus padres vivían en un apartamento en la Quinta Avenida, rodeados de servidumbre. Ella se defendía diciendo que a pesar de haber nacido en la cima de la riqueza, se esforzaba por descender tan rápido como le era posible. Según sus propias palabras, se dedicaba a buscar gente infeliz que retratar. Su método era acercarse a sus futuros modelos, entablar conversación, ganárselos y, a la postre, terminar retratando su belleza-monstruosidad.

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Su vida posterior al mundo de la moda se iluminó por el reconocimiento del que gozó por parte de los críticos y curadores de arte (de hecho, fue la primer fotógrafa norteamericana en exhibir en la Bienal de Venecia, en 1962), pero ella seguía tirando hacia el lado contrario.

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Se dice que en ocasiones se sumaba a las orgías organizadas por los nudistas y enanos que fotografiaba.

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Al final de su carrera, su propio trabajo ya no la satisfacía y así les hizo saber a sus amigos más cercanos. La mañana del 26 de julio del 71, deslizó una foto de una máscara de la muerte bajo la puerta de uno de ellos. Su amigo Marvin Israel se sintió preocupado porque ya no contestaba el teléfono y al visitarla se encontró con la última escena del mondo freak de Arbus: la artista se encontraba en la bañera, totalmente vestida y con las muñecas ensangrentadas.

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Más tarde se supo que en realidad lo que la había matado fue una sobredosis de barbitúricos. En su departamento se encontró su diario abierto en esa misma fecha, en donde había escrito la frase “The last supper”. Se rumora que Arbus se tomó fotografías mientras agonizaba. Su ex maestra de fotografía, Lissette Model, recibió una nota de suicidio escrita por Diane, pero nunca se dio a conocer.

Publicado en GORILA #14

February 23, 2006

GARBAGE PAIL KIDS

ARTE PARA NIÑOS ENFERMOS
En la década de los ochenta yo era un niño y recuerdo que el primer dealer que vi en mi vida no fue un vendedor de estupefacientes. De hecho esos los conocí años más tarde. En esos días la adicción de moda no eran el ecstasy ni la cocaína rebajada. Entonces, éramos unos inocentes y lo que perseguíamos con desesperación eran las tarjetas coleccionables de los Garbage Pail Kids. Los dealers eran los jóvenes de más edad que se paraban en las esquinas repasando su bonche de tarjetas repetidas para enganchar nuevos clientes y por medio del trueque seguir acrecentando su colección personal.

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CARDS FROM HELL
Esa misma década solo que unos años antes, el mercado de los juguetes se vio de pronto dominado por los horriblemente tiernos Cabbage Patch Kids, muñecos de tela con caras regordetas y nombres personalizados. La estrategia de Hasbro –la compañía manufacturera- fue hacer pocos muñecos, lo cual desencadenó la locura: todos querían tenerlos.

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La compañía TOPPS, famosa por editar tarjetas de béisbol desde los años treinta, lanzó por esos días una serie de tarjetas que parodiaban las marcas y productos en boga en los Estados Unidos: los Wacky Packages.

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En aquella serie había una parodia de los Cabbage –llamada, obviamente, Garbage Pail Kids- sólo que al final la tarjeta no se incluyó en la serie.

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He aquí el primer Garbage Pail Kid de la historia, que nunca vio la luz pública
Posteriormente, la TOPPS lanzó un nuevo producto: Garbage Can-dy, una especie de bote de basura que contenía dulces en forma de basura: huesos, latas, etc. Estas dos ideas fueron las que le dieron forma a uno de los proyectos más grotescos y exitosos de hace dos decenios: las Garbage Pail Kids.

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Xavier Roberts, dueño de la TOPPS inició una búsqueda de artistas para realizar la serie que tenía en mente. La idea, original de Mark Newgarden y Art Spiegelman (Spiegelman contaba que la idea brotó un día en que vio la foto de un feto en un bote de basura, nada más coherente), requería de un artista que se aventara 44 pinturas en dos meses, y se audicionó a tres dibujantes neoyorquinos, pero fue John Pound quien recibió la asignación de realizar no solo la primer serie, sino también la segunda y la mitad de las ilustraciones para las series posteriores ya que su estilo era el que más se acercaba a la preconcepción de Roberts.
Entre los dibujantes de quienes se puede apreciar su arte en las aproximadamente 1245 tarjetas publicadas en las series norteamericanas se puede contar a Tom Bunk, James Warhola (ambos de la revista MAD), Jay Lynch y el mismo Pound.

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Sketch de John Pound
¿Y CÓMO ERAN, EH?
Las tarjetas eran pintadas en un tamaño de 5 pulgadas de ancho por 7 de largo, el doble del tamaño al que serían publicadas. Las técnicas más usadas eran la pintura de acrílico y aerógrafo y jamás podían ser firmadas, debido a una restricción de la compañía. Ésta, además, se quedó en su poder con casi todos los originales. De hecho, las únicas pinturas recuperadas fueron aquellas que debían ser corregidas y sólo así los autores pudieron mantener en sus manos algunos bocetos y pruebas de color.

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Sketch de Tom Bunk
De cada tarjeta se publicaban dos con distintos nombres –así, por ejemplo, la tarjeta 164 de la serie 4 se llama Teddy Bear en la lista A, y en la B se le llamó Salvatore Dolly- estrategia que además de original le aseguró a la TOPPS una ganancia calculada de aproximadamente 64 millones de dólares (recuento hecho cuando la serie apenas iba como a la mitad así que saquen sus cuentas). Los artistas ocasionalmente proponían los nombres, pero era la compañía la que al final decidía cuáles se quedaban.

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Checklist de la primer serie, con los nombres dobles de cada personaje
El reverso de las tarjetas incluía chistes y pasatiempos con los sucios personajes de las series, y piezas que daban forma a un rompecabezas de los personajes más populares.
La serie se volvió un éxito inesperado para la TOPPS. La doble parodia –por un lado, la burla de los archifamosos CPK y por otro el juego con nombres propios; además del uso de un humor escatológico y gore pasaron la prueba del público gringo. Algunas dulcerías de la época reportaban ventas estratosféricas en la etapa de mayor éxito de las Garbage. Algunas llegaban a vender la friolera de 500 sobres por día. El precio era de 50 centavos de dólar y el paquetito contenía 5 tarjetas y un chicle rosa con sabor a polvo y cartón duro.
¿Y POR QUÉ SE ACABARON, EH?
La primer entrega que saliera a la calle se lanzó en junio de 1985 y alrededor de las series 3 y 5, fueron demandados por Hasbro, que le exigía a TOPPS 30 millones de dólares por infringir derechos de autor.
Se dice que dejaron de publicarse por dos posibles razones: el declive de las ventas –que sí fue un hecho por allá de 1988-, y el arreglo al que tuvieron que llegar tras la demanda, el cual exigía que TOPPS dejara de publicarlas. Esto último suena más o menos poco factible, ya que las tarjetas no dejaron de salir a la venta e incluso alcanzaron las 15 series, aunque sí tuvieron que realizar ciertas modificaciones visibles exigidas por Hasbro: Cambiar el número de dedos en las manos de los personajes, una frente más alta, orejas más pegadas y que la apariencia de los personajes imitara el plástico y no la tela, como los originales CPK. Por eso algunos de los dibujos traían fisuras en la cabeza, para imitar la superficie plástica. Además, el logo tuvo que ser rediseñado.

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OYE, Y ¿QUÉ MÁS, EH?
El éxito de las Garbage sobrepasó todo límite imaginado y el concepto se desarrolló también en otros ámbitos. Para empezar, en otros países se reeditaron las series en sus respectivos idiomas. Japón, Alemania e incluso Chile tuvieron sus propias GPK –las chilenas se llamaban Basuritas.

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Se realizó una serie de cartoons, la cual jamás salió al aire debido a la presión ejercida por los padres de familia que se llegaron a enterar del proyecto y también se filmó una película lamentable en real action (o sea, con personas disfrazadas de GPK, lo cual acrecentaba el aura pseudo satánica que de por sí ya poseían), pero se dice que además de aburrida, es una muestra de malas actuaciones – características que más bien se antojan más interesantes que si hubiera estado bien hecha.

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Además de una docena de dibujos de Pound que nunca se publicaron, se llevó a cabo una serie más (la 16), pero debido al declive en las ventas, la TOPPS decidió ya no publicarlas. De esa serie solo se recuperó un rollo en blanco y negro con 41 tarjetas –20 de Pound y 21 del resto de los artistas- de un basurero de la fábrica una vez que cerró por su severa crisis.

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¿Y MÉXICO QUÉ, EH?

Pues nada, que en México jamás se editó serie alguna. Las tarjetas que llegaron al país se introdujeron por medio de la fayuca y la chatez de la sociedad católica y square de nuestro país las quiso prohibir por que, según, si las chupabas conseguías un trip gratis de LSD, como si algo así fuera tan barato –y luego dijeron que los Pitufos eran satánicos, y que los videojuegos incitaban a la violencia y... y todo aquello que no puedan comprender casi siempre se reviste de mitos chafos y baratos. Por eso las calles se llenaron de dealers de calcomanías mal impresas de las Garbage Pail Kids, puesto que, como ya sabemos, lo prohibido atrae.

Otras series y productos relacionados: Trash Can Trolls, Bathroom Buddies, Wacky Packages, Meanie Beanies, Morbid Monster Cards, Toxic High School y Silly CDs.
GORILA #13
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