May 26, 2010

Charles Schulz y su legado al mundo



1: “Sparky”

Duermo bastante bien por las noches. Vivir de día es lo que me cuesta trabajo
Charles Schulz

Charles Schulz es un resultado de los EEUU de la posguerra. Como muchos soldados que regresaron de la conflagración, tuvo que encontrar una profesión. Y como muchos veteranos de guerra, cuando regresó a casa, no gozó de una fiesta de bienvenida. En una biografía cuenta cómo al cruzar la puerta de la peluquería de su padre Carl, el hombre no pronuncia una sola palabra y más bien es él mismo quien anuncia: “bueno, ya estuvo”. Resulta muy interesante que el artista que amasó una gran fortuna con sus personajes; el autor de una tira cómica que no solo se volvió la más popular en la historia sino la que definió los parámetros de este formato de cómic; que el hombre detrás de aquellos iconos definitivos de la cultura popular haya tenido unos antecedentes personales tan amargos. La incapacidad de Charlie Brown para patear su balón de futbol refleja la frustración de los años posteriores a la Segunda Guerra. Hay quien ha equiparado tanto su trabajo como su vida con los de autores como J. D. Salinger o Francis Scott Fitzgerald. El escritor Ben Schwartz recuerda que por el mismo tiempo (1948), mientras Schulz dibujaba Li'l Folks, Salinger jugueteaba con la idea de publicar una colección de relatos -inédita, por cierto- llamada The Young Folks. Estos autores retrataron la decepción de una generación que pintaba para ser fulgurante y que fracasó. Schulz se llenó los bolsillos de dinero inoculando al mundo con el virus Snoopy, pero antes de que llegara el éxito, fue siempre un apartado de la sociedad, tímido y poco exitoso, socialmente hablando. Su inseguridad provocó que jamás enviara alguno de sus chistes gráficos a The New Yorker porque el sabía que sería rechazado. Su falta de dirección lo llevó incluso a formar parte de asociaciones religiosas fundamentalistas.

Una vez que la tira de Schulz fue aprobada por United Features Syndicate para su publicación en ocho diferentes periódicos, sus ejecutivos decidieron cambiarle el nombre de Li'l Folks (el título con el que el autor venía realizándola desde hacía cinco años) por uno que no causara confusión con otras tiras como Li'l Abner, así que fue rebautizada como Peanuts. Un nombre indigno, para Schulz, quien nunca dejó de renegar de el que le endilgaron y que de hecho ya les había propuesto el de Good Ol' Charlie Brown. Con el apelativo de Peanuts apareció por primera vez el 2 de octubre de 1950, y entró como un “filler”. Es decir, que los paneles podían descomponerse para publicarse en donde hubiera espacios vacíos, y lo mismo podía aparecer de manera horizontal que vertical (o como cupiera).



2: Rabanitos

Nadie me quiere... a nadie le importa si vivo o muero
Charlie Brown

Carlitos y los demás personajes que conforman el universo de Peanuts son iconos omnipresentes en la vida de prácticamente todo el mundo. Es probable que haya quien aún no haya leído una tira en su vida, pero que reconozca a Charlie Brown o, sobre todo, a Snoopy por verlo en algún anuncio o en una playera.

Para el citado Schwartz, Peanuts y el sabor a fracaso que dejaban en la boca las situaciones de sus personajes era como si “Wino” Willie Forkner (el fundador de los Boozefighters, el legendario club de motoristas) orinara sobre el país de Norman Rockwell (el también legendario y optimista ilustrador estadunidense, autor de aquellas esperanzadoras imágenes de la boyante Norteamérica). Los diálogos y situaciones de la obra de Schulz son generalmente entendidos de una manera errónea: no se trata simplemente de adultos chiquitos. “Sparky” le explicaba a su esposa Jean que los niños eran “adultos con la tapa puesta”. Niños con personalidad, con dudas pero también con obsesiones y temores. Para eso había que ponerse al nivel de los niños, mirarlos sin condescendencia, comprendiendo sus motivaciones. Charlie Brown pone todo su empeño en caerle bien a los demás, en ser aceptado, y casi todos sus intentos son un reverendo fracaso. Es por eso que el personaje más exitoso a nivel comercial es Snoopy: es luminoso, simpático, exitoso. Charlie Brown refleja las luchas internas (y también externas) de un individuo que batalla por encontrar un lugar en el mundo. Snoopy ya lo posee, tiene ganada la mitad de esa lucha.
Charlie Brown también sufre el terrible dolor de la decepción amorosa de su creador. En 1947 Schulz se enamoró profundamente de una chica llamada Donna -a veces citada como Wold, otras como Johnson-, quien le rompió el corazón rechazándolo y casándose con un bombero. Entonces el dibujante interpone en el camino de Charlie Brown a una niña pelirroja con quien mantenga una dolorosa añoranza y una relación jamás resuelta ni culminada.

Los libros de Carlitos abundan. Desde las viejas ediciones de bolsillo que se editaban en diferentes idiomas a los formidables tomos de la editorial Fantagraphics, The Complete Peanuts, que ha reeditado todo el trabajo de Charles Schulz -una obra que, se sabe, llega a las 17,897 tiras-, existe una infinidad de material disponible lo mismo para los nuevos lectores que para quienes le siguen la pista desde hace años. Para complementar, Peanuts. The art of Charles M. Schulz es un documento esencial para cualquier colección. Este libro (editado por Pantheon en 2001) contiene un cúmulo impresionante de imágenes de los archivos personales de Jean, Craig y Monte Schulz, esposa e hijos del maestro Charles, y cuyo contenido, los dibujos originales de dichas tiras, fue abierto al diseñador Chip Kidd para permitir que el público paladeara su arte desde una perspectiva diferente. Kidd realizó un inventario gráfico de el otro lado de las tiras de “Sparky” -sobrenombre con el que se le conocía a Schulz- fotografiando los dibujos originales y presentando algunas fotografías personales del artista y su familia, imágenes de sus herramientas de trabajo, sus anuarios escolares, sus primeros bocetos mientras era estudiante de arte, sus pinturas, anotaciones y todo tipo de pistas que nos permiten rastrear su desarrollo. El punto culminante se encuentra en aquella mercancía con la efigie de Charlie Brown, Snoopy y demás miembros de la pandilla, y en las fotos de los periódicos originales en que las tiras aparecían impresas (algunos muy antiguos) y que pertenecen a las colecciones particulares del mismo Kidd y del caricaturista Chris Ware. Chip Kidd es un diseñador gráfico que le ha dado una nueva identidad a los cómics, el manga, los libros de arte y diseño, y este hermoso álbum redimensiona a uno de los personajes de cómic más importantes del siglo XX.



3: Regreso a casa

El 28 de abril pasado la compañía Iconix Brand Group pagó 175 millones de dólares para poseer los derechos que poseía E. W, Scripps para el uso y explotación de los personajes creados por Schulz. El movimiento garantiza que la familia del artista reciba el 20% de las ganancias, pues existe una sociedad entre Iconix y los herederos. La franquicia arroja unos 2,000 millones de dólares anuales y la transacción significa que la creación del artista de Minneapolis se encuentra resguardada. El abasto de imaginería snoopyniana está garantizado para las próximas décadas.

Publicado en El Ángel, suplemento del periódico Reforma, el domingo 9 de mayo de 2010.

3 comments:

Fraga said...

Por demás interesante!!!

Un gran filósofo gráfico el gran Schulz!

ensabanable said...

larga vida para Charly Brown y su pandilla

mono said...

Gran post mi Blumpi. Kudos

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